La corrosión de los elementos metálicos en las instalaciones hidráulicas deriva del ambiente húmedo y del contacto permanente con el agua. Puede limitar el uso de una instalación e incluso conllevar su ruina.
Este fenómeno puede limitar el uso para el que fue concebida una instalación e incluso conllevar la ruina de la misma; de ahí la importancia de proteger las estructuras metálicas mediante sistemas anticorrosión eficaces y longevos.
Los efectos se agravan en las EDARs, donde a los factores habituales se suman los gases nocivos generados durante la explotación de las plantas. En general, toda obra cuya estructura principal es metálica está expuesta: compuertas, tuberías, pasarelas y elementos auxiliares. La oxidación aparece también como consecuencia de tratamientos anticorrosión no idóneos o mal aplicados.
Acondicionamiento de la superficie (chorro de arena hasta grado de preparación adecuado), pasivación y aplicación de revestimientos anticorrosión seleccionados según el ambiente de servicio. El tratamiento elegido debe garantizar eficacia y longevidad — el criterio que IRETSA aplica y verifica en laboratorio propio.